“No puedo hacer esto, soy muy malo” La única forma de aprender algo, es haciéndolo.

Si le preguntas a un adulto, qué cambiaría de su cuerpo, la respuesta sería, “mis kilos demás”, “mi nariz”, “mis piernas”, etc.  Si le preguntas a un niño lo mismo, te diría que le gustaría tener alas para poder volar, o súper poderes para tele transportarse, o manos como spiderman para poder escalar muy alto.

Los niños aprenden del mundo jugando, experimentando. Todo es una posibilidad, todo lo que los haga felices en ese momento.

A medida que crecemos, nos volvemos más “cuidadosos” (por no decir aburridos), y nos mantenemos siempre dentro de este espacio cómodo, donde sabemos que estamos bien. Dejamos de correr hasta que se nos acabe el aire, de quedarnos en el agua fría hasta tener los labios morados, dejamos de escalar todas las rocas o árboles que encontramos, dejamos de experimentar. Lo pensamos todo dos, y tres veces.

Los niños viven al límite. Al límite donde la experiencia llega a convertirse en felicidad pura. Sus cerebros todavía no están condicionados para tomar “atajos”, para irse por el camino que ya está pavimentado y terminar las cosas rápido de la forma más eficiente posible.

Salir de la zona de confort, del pavimento, de lo cómodo y estable. Probar cosas nuevas, arriesgarse, ponerte a ti mismo en situaciones incómodas y ser capaz de resolver lo que sea, con calma. Eso es desarrollar tu creatividad y experimentar hasta el punto donde tu desafío se convierta en ese fuego imparable que te hace seguir hasta lograr lo que sea. Salir de tu estado de comodidad constante, de lo que haces rutinariamente todos los días, decir que no a lo que no te motiva en lo más mínimo, decir que si a probar. Eso es felicidad, volver a ser niño, volver a jugar.

En vez de decir “no lo hago porque soy muy malo”, con mayor razón, HAZLO! Lo que sea, una clase de Yoga, o pintar o cocinar o probar un deporte nuevo. Desafíate, de qué sirve hacer solo cosas para las que seas bueno? Dónde está el desafío en eso? Dónde encuentras la felicidad de lograrlo si no hay nada que te lo impida? Confía en que tu cuerpo sabe cómo moverse, en que tu mente es mucho más que lo que solo conoces y que la vida es más de lo que percibes.

Juega.

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